El disco de la semana: “THE OLD MAGIC” (2012), de Nick Lowe.

Saber envejecer con dignidad en esto del rock and roll no es fácil, la verdad. El gran Nick Lowe, aristócrata del pop de sonrisa sabia y arrebatadoramente ladeada, no solo lo ha conseguido, sino que puede afirmarse que algunos de los trabajos facturados por el británico en la última década se cuentan entre lo mejor de su ya larga, larguísima carrera, esa que comenzó hace más de cuatro décadas en las filas de los Brinsley Schwarz. El disco que hoy nos ocupa, este “The Old Magic” publicado en 2012, no hace sino confirmar lo anterior.

Y es que pocas virtudes como la falta de pretensiones. “The Old Magic” es un disco modesto –que no menor–, que puede verse como una continuación de álbumes tan estupendos como el asombroso “The Convincer” o el igualmente disfrutable “At my Age”, si bien su producción se aleja un punto del pop estándar para arrimarse al blue eyed soul de género. La “magia antigua” del título está hecha de country clásico a lo Johnny Cash, de rock and roll pre-Beatles, de pop de altísima escuela… Y de un soul tan blanco como liviano que brilla en unos arreglos –teclados, vientos, voces– prodigiosamente sencillos y efectivos. El resto, lo que cabe esperar de tito Nick: canciones redondas, de letras magníficas y esmaltadas de una blanquísima ironía, tan ligera como deliciosa, que giran casi siempre en torno al tema del paso de los años: “House for sale” –acojonante canción–, los medios tiempos “Sensitive man” o “Checkout Time”, “I read a lot” –otro temón–, “Somebody cares for me” –esta algo más saltarina–, “Stoplight roses”… Puro pop de aliento ritmamblusero y elegancia sureña para gente de ahora, de antes y de más adelante pues, virtudes de la música modesta elaborada con finura de orfebre –más artesana que artística vale decir–, lo que contiene este “The Old Magic” nunca pasará de moda. En realidad, nunca lo estuvo ni, afortunadamente, lo va a estar.

Así pues, dispóngase el aficionado a escuchar el álbum calmosamente, sentado por ejemplo en uno de los sofás de nuestra coctelería favorita, con un buen whisky añejo al alcance de la mano… Y déjese seducir por los trucos maravillosos de quien sin duda es uno de los grandes magos del pop de todos los tiempos. La vida ­–por lo menos la de quien esto escribe– sabe mejor, pero que muchísimo mejor, con las canciones de Lowe, tan pequeñas, tan bonitas, surcando el cielo de la habitación y acariciando el espíritu con la suavidad de la brisa que transporta los perfumes delicados del sur. Tú sí que sabes, Nick.

Alejandro Caja.

El Disco de la Semana: “THE TRAIN I’M ON” (1972), de Tony Joe White.

En su quinto álbum el estudio –y el primero para el sello Atlantic– , el Rey del Swamp Rock Tony Joe White (sí, el mismo que fue número 1 en el 69 con “Polk Salad Annie”) se puso en manos del gran productor Jerry Wexler para grabar un disco mucho más acústico que sus anteriores trabajos. En “THE TRAIN I’M ON” el tono predominante es intimista y confesional, y las canciones, redondas, hacen de vehículo perfecto para que una de las voces más hondas de la música popular yankee se haga un sitio para siempre en el corazoncito del aficionado.

Del country al rock, del blues al soul pasando por el gospel, TJW va acariciando de manera magistral los diferentes palos, respaldado por unos “sesionistas” de escándalo, en un álbum que transcurre pausado y en el que se disfrutan con fruición los baladones  –”The Migrant”, “Take Time To Love”, el corte magnífico que da título al elepé–, los números netamente swampy tales que “Even trolls love rock & roll” o estándares del country soul como lo es esa fiesta de canción titulada “The gospel singer”, sin duda una de las grandes piezas en el cancionero del cantante y guitarrista nacido en Oak Grove (Louisiana) .

Al loro con los arreglos de voces, metales y cuerdas pergeñados por la plana mayor de Atlantic –Wexler, Dowd, Mardin–, una muestra de sabiduría… En fin, una verdadera obra maestra de eso que Gram Parsons llamaba Cosmic American Music de mierda.

Alejandro Caja

El Disco de la Semana. “TWO STEPS FROM THE BLUES” (1961), de Bobby Blue Bland.

Pocas veces el título de un álbum ha estado tan bien escogido. “A dos pasos del blues”, elepé que reúne varios singles publicados en el sello Duke entre los años 57-60 por el gran Bobby Blue Bland, supuso una vuelta de tuerca decisiva en la carrera del artista nacido en Rosemark (Tennesse): alejándose efectivamente un par de pasos del blues, Bland fue a meter un pie y medio en el soul, facturando una obra artísticamente descomunal, cuya influencia en el posterior desarrollo de la música negra sureña iba a ser capital.

Hasta su llegada a Duke, la carrera de Bland, siendo consistente, no había acabado de despegar. Pero iba a ser en el sello de Houston donde su camino se cruzaría con Joe Scott, trompetista, arreglista y productor que a la postre sería fundamental en la evolución artística del bluesman.

Por un lado, Scott se empeñó en “educar” las maneras de Bland como cantante, trabajando durante varios meses la dicción y el fraseo apropiados a cada canción, puliendo un punto su estilo crudo y áspero, lo que le hizo ganar en matices plásticos y emotivos a la hora de utilizar su poderosísima voz.

Pero la que fue tal vez la aportación más importante del productor al estilo de Bland fue el sonido, la producción de los temas, con la inclusión de unos omnipresentes arreglos de viento hasta entonces nunca vistos en un álbum de blues. En “Two Steps from the Blues”, la sección compuesta por trompeta, trombón y saxos cobra un inusitado protagonismo en cada uno de los cortes, replicando a Bland, dialogando con él, subrayando sus palabras, regulando la temperatura emotiva de su interpretación… La atmósfera creada por Scott con dichos arreglos distaba mucho de las producciones desnudas y centradas en la guitarra eléctrica propias de los discos de “memphis blues” del momento, resultando una sonoridad completamente nueva para la época. De este modo, con la inestimable ayuda del productor, Bland encontró por fin un estilo único y propio como cantante, al mismo tiempo que –sin ser demasiado consciente de ello–, inventaba un género, el soul blues, por el que transitarían asimismo otros grandes nombres como Sam Cooke o Ray Charles.

Con la publicación de los primeros singles producidos por Scott, la carrera de Bland alzó el vuelo, artística y también comercialmente. Temas como el que da título al álbum, la soul ballad “Lead me on”, el medio tiempo “Little Boy Blue” o la conmovedora “I’ll take care of you” alcanzaron cifras de ventas millonarias, y Bland pasó de actuar en pequeños garitos del “Chitlin’ circuit” a hacerlo en grandes recintos, convirtiéndose en uno de los bluesmen de mayor éxito. Algunos de los músicos y productores más destacados de la southern soul revolution como Rick Hall (FAME) o Chips Moman (AMERICAN), reconocieron posteriormente la decisiva influencia que en su manera de aproximarse a la música negra tuvo el álbum que nos ocupa, mencionando expresamente el inusual envoltorio sonoro ideado por Scott.

Un álbum que escuchado hoy suena majestuoso, fascinante, rotundo, atemporal. Un disco perfecto para descubrir a uno de los cantantes de blues más originales y consistentes de la historia del género, así como para comprender crítica e históricamente una gran parte de la música negra grabada en epicentros como Memphis y Muscle Shoals durante la década en que el soul sacudió los cimientos de la música popular americana como un apasionado, apasionante terremoto.

–Alejandro Caja.

“ON STAGE”. Exposición fotográfica de Jaime Massieu. Inauguración jueves 16 mayo a las 20h.

Desde el Josealfredo tenemos el gusto de invitaros –la entrada es libre– a la inauguración de la exposición “ON STAGE” del fotógrafo Jaime Massieu. La cita es el próximo jueves día 16 a las 20h en nuestro local, y quienes seáis aficionados a la música y la fotografía –hacednos caso– no podéis faltar.

“ON STAGE”

La fotografía y la música llevan casi un siglo de amorosa y fructífera relación. El jazz, el rock, el rhythm & blues, el flamenco… Todas las músicas populares tienen escrita su historia tanto en imágenes como en palabras, pero son las primeras, las imágenes, las que de un modo natural han pasado a formar parte de nuestra memoria colectiva, siendo reproducidas infinitamente en periódicos, revistas, portadas de álbumes, posters, carteles…

Pero, ¿a qué se debe esta íntima relación? ¿Cuál es el motivo de que una y otra práctica se atraigan de manera tan irresistible? La respuesta puede rastrearse acertadamente en todas y cada una de las asombrosas imágenes que componen “ON STAGE”, la última exposición de Jaime Massieu: si la música en directo vive del hallazgo del momento irrepetible, la fotografía encuentra su sentido en la captura del instante decisivo, y es en este punto,  en el punto en que lo irrepetible y lo hipersignificativo se cruzan fugazmente, donde invariablemente tiene puesto su objetivo nuestro cameraman, el joven –y sin embargo experimentado francotirador– Jaime Massieu.

En la muestra lo que podemos ver es precisamente esto, momentos únicos fijados sabiamente por un fotógrafo cuyo trabajo tiene la virtud de atrapar la emoción propia de la actuación en vivo, ahondando a la vez con sensibilidad en la personalidad de los artistas fotografiados. El resultado se acerca desde luego al retrato, pero se trata en este caso de un retrato particularmente revelador, pues captura al músico en el que es su medio natural, precisamente allí donde se muestra como creador intentando dar lo mejor de sí: frente al público, bajo los focos, empuñando su  instrumento… “ON STAGE”.

–Alejandro Caja.

El Josealfredo en el diario EL PAÍS vía Ana Morgade.

La actriz y guionista ANA MORGADE cita al José Alfredo –y también al Café Berlin– como uno de sus sitios predilectos cuando sale de marcha por Madrid en el artículo publicado en la edición madrileña del Diario El Pais. La polifacética artista nos incluye como parada impreindible en una de sus noctámbulas rutas. 

Muchas gracias, Ana, por la mención. Cualquier día de estos te vemos en el bar y te lo agradecemos como corresponde, invitando a una rondita!

Cata de SCHWEPPES HERITAGE TONIC (de 23:30h a 01:30h).

Hoy VIERNES día 26, entre las 23:30h y las 01:30h, celebraremos una cata de Schweppes Heritage, la línea de tónicas premium de la marca líder en su mercado.

La cata estará dirigida por los maestros de cocteleros de Schweppes, quienes os aconsejarán cómo combinar vuestra ginebra preferida –también algún que otro ron– con alguna de las cuatro variedades de tónica de la línea Heritage –Original, Pimienta Rosa, Azahar & Lavanda, y Gengibre & Cardamomo–. Ellos mismos os prepararán la copa explicándoos asimismo cómo hacerlo para obtener siempre un resultado perfecto.

Además, durante las dos horas que durará el evento, escojáis la ginebra que escojáis, si la mezcláis con alguna de las tónicas de Schweppes, el combinado premium os saldrá al precio de una copa normal, esto es, a 7′50€.

Os animamos a todos a asistir. Merece la pena, de verdad, descubrir las opciones que esta nuevas tónicas nos ofrecen a los aficionados al trago, los resultados, creednos, son en muchos casos sorprendentes y espectaculares.

¡Nos vemos esta noche en el bar!

Nuestros cocktails. Hoy recomendamos PRINCESA DE CLÉVES.

Vamos hoy con un cocktail de creación propia, este “Princesa de Cléves” inspirado en la inmortal novela de Madamme La Fayette.

En el “Princesa de Clèves”, tenemos un trago francamente poderoso que hará las delicias de los aficionados a la universalmente popular combinación de los destilados secos con los sabores ácidos.

En el JOSEALFREDO lo preparamos mezclando a partes iguales vodka y ginebra a los que añadimos un golpe de Martini seco, consiguiendo una base alcohólica tan contundente como bien acabada.

La pegada seca de dicha base se aligera después mediante la adición de limón y de lima, que sirven al fin de equilibrar el conjunto aportando un cotrapunto ácido que remite a los mejores cocktails clásicos.

Para terminar, insistimos en el patrón de contraste seco/ácido añadiendo un toque de sirope de Cider Flower, que sirve al fin de afrutar el acabado de este cocktail que funciona tanto como estimulante aperitivo, que como digestivo trago “after dinner”.

Dicho lo cual os recordamos que, como cada día, hoy jueves abrimos a las seis de la tarde y aquí estaremos para atenderos hasta eso de las tres de la madrugada.

¡Salud a todos, parroquianos!

El Disco de la Semana: “TIME (THE REVELATOR)” (2001), de Gillian Welch.

(El siguiente texto –publicado originalmente en Jot Down Magazine– ha sido inspirado por la escucha del magistral álbum “TIME (THE REVELATOR)de la cantante de folk norteamericana Gillian Welch.

I want to sing that rock and roll. Probablemente James Coburn y Gillian Welch tienen poco o nada que ver, tal que un paquete de tabaco arrugado y la soledad. Parece ser que la vida consiste precisamente en eso –me refiero a saber vivirla–, en conquistar la soledad, en avenirse con uno mismo, sea a fuerza de fumar con ahínco, de cantar lo que se quiere cantar o de observar el panorama con el pelo revuelto, los ojos afilados y los puños en los bolsillos de la chaqueta. Ya sé que la soledad sencillamente es y que es, además, el hecho incontrovertible, como lo llamaría un profesional. Pero se trata, eso iba diciendo, de no sentirla, la soledad, como una costilla rota. La vida está hecha de instantes que arracimamos en la memoria como momentos, días, semanas y así sucesivamente, y llegado cierto punto brillan en la memoria algunos momentos de soledad enteriza, mineral, la paloma de la paz guisada en cazuela para uno mismo, la mirada gélida de James Coburn desafiando, desmereciendo el rostro frontero e impenetrable de la fortuna que asoma ya por la puerta y la voz inconmovible de Gillian Welch recitando escaleras abajo que el tiempo pondrá las cosas en su sitio, en el sitio que el tiempo les tenga reservado a la mentira, el amor, la soberanía, la dignidad…

Gillian Welch. Hay voces que lo llenan todo, o mejor, que lo convierten todo en el fondo apropiado a sí mismas dándole vago significado a la tarde calurosa de junio, al café requemado y terroso, a la costilla rota que obliga a ponerle palabras a la soledad. Voces que pueden hacer que todo gire a su alrededor adensando sentidos inefables en torno de las palabras a las que dan carne, coloreando lívidamente por alusión las emociones más recónditas, convirtiendo el tiempo que cantan en un ensayo del tiempo real, en una urna donde las cosas vuelven a irradiar el aura matiz de su existencia; el cigarrillo liado a medio fumar en el cenicero de vidrio azul, el mensaje en el contestador parpadeando la cuenta atrás de su amenaza, el libro de Agee y Evans abierto en canal y bocabajo, no se le salgan las tripas poéticas sobre la mesa… Todo habla al fin de lo mismo, no importa si quien canta es una huérfana en busca de la fuerza necesaria para dar un paso más o un minero que alivia el agobio de su destino subterráneo, si un alma volada que espanta el desvelo ensoñando que alguien la ama o un adicto a la morfina que se confiesa dispuesto a morir por su chica, o por su madre, qué más da… Lo importante, como casi siempre, es la música; la música viviendo para sí misma, la música –la voz– en esa posición solar. Lo importante es lo que nos recuerda que lo único importante es estar aquí.

El tiempo lo dirá. El rostro impasible de la música de Gillian Welch aspira a callar explícitamente mucho de lo que no dice, efigie sibilina, fría superficie del espejo. La melodía que la voz entona parece haber sido surcada un millón de veces, milimétrica, obsesivamente, abriendo una brecha de eternidad en la estela fugaz, dignificando el dolor por el dominio de la expresión hierática, prestando al desgarro un timbre esbelto, exuberante como unos ojos verdes chispeando en las cuencas de un esqueleto mondo pulsado por un corazón de cuarzo… Llegados a este punto, el mundo como lo conocemos puede venirse abajo o hundirse a plomo, los jóvenes pueden ser corridos a hostias en las plazas por las porras del sistema, las catástrofes naturales barridas bajo la alfombra del calendario, los apretones de manos de palo intercambiados por los alpinistas al alcanzar en grupo las cumbres… Pues lo cierto es que los traidores serán desenmascarados, que la reina de la farsa y los imitadores ocupará cuando llegue el día su trono y que cada cual cargará entonces con su única, biográfica responsabilidad. El tiempo, el tiempo que no ceja para el siempre, el tiempo como lo mide una bacteria, el tiempo a fin de cuentas, el tiempo lo dirá.

–Alejandro Caja.

Alejandro Caja es, entre otras cosas, crítico y traductor. Puedes leer más artículos como este en su blog CAJA DE MÚSICA.

Un cocktail de nuestra carta. Hoy recomendamos SINGAPORE SLING.

El ” Singapore Sling” es un cocktail de los que se pueden llamar clásicos, baste decir que la primera receta de la que se tiene constancia data de hace casi un siglo.

El “Sling” fue inventado en la ciudad que le da nombre, Singapur, y es de suponer que en la década de los veinte, se hartaron de beberlo bellas señoritas de rasgos orientales, sentadas a la mesa con las piernas cruzadas en la terraza de un lujoso hotel de estilo colonial, junto a tipos ya maduros elegantemente vestidos y sin embargo con un poso de tristeza en la mirada, pues sin él jamás hubieran podido protagonizar ni siquiera  por ejemplo una novela de Graham Greene.

Y tras la licencia poética, a lo que íbamos: en el Josealfredo preparamos el “Sling” con ciertas particularidades, inclinándonos por la preponderancia de los tonos cítricos. A la ginebra, que procura la base alcohólica, le añadimos Benedictine, Cherry Brandy, lima, limón y granadina.

El resultado es un cóctel con fuste, que se bebe como un trago largo, a la vez refrescante y con cuerpo, y que contiene el secreto de un exotismo de corte clásico.

Dicho lo cual os recordamos que, como cada día, hoy abrimos a las seis y aquí estaremos, para atenderos, hasta eso de las tres de la madrugada.

Salud.

Disco de la semana: “Exit Strategy of The Soul” (2008), de Ron Sexsmith.

Ron Sexsmith es un orfebre del pop, un artesano con una sensibilidad exquisita para la melodía, además de uno de los mejores letristas de su generación. En sus primeros discos –«Ron Sexsmith» (1995), «Other Songs» (1997)– resonaban los ecos de Costello, Everly Brothers, Beatles… Con el paso del tiempo las influencias se diluyeron, y Sexsmith comenzó a construir, paralelamente a una carrera tan sólida como mesurada, un universo propio hecho de canciones tristes y alegres, melancólicas y esperanzadas, escépticas y espirituales, bonitas como un frasco de cristal.

En la tradición de los mejores songwriters americanos, su obra –ya son doce los elepés que ha publicado– se ha convertido en un hermoso y personal testimonio de la experiencia de vivir, un testimonio sincero que me ha afectado de modo poco corriente: tengo la sensación de haber crecido, de haber cambiado con sus canciones, gracias a un diálogo íntimo que las mismas han estimulado y que se ha prolongado a lo largo de los años; un vis–à–vis que ha acabado por convertir al bardo canadiense en una presencia sutil, en un amigo imaginario al que puedo acudir siempre que lo (re)quiero.

Entré en contacto con él en el 99, cuando tuve la fortuna de verle actuar en el Teatro Tívoli barcelonés, abriendo para Elvis Costello un concierto que recuerdo como uno de los más emocionantes que he presenciado jamás. Aquella noche, Sexsmith –por entonces un completo desconocido para mí– salió al escenario solo, desamparado, y, se parapetó tímidamente detrás del micro. Iba vestido de negro, con un traje austero, y sin embargo daba la impresión de estar desnudo; todo en él irradiaba fragilidad: sus movimientos indecisos, el rostro aniñado, una mirada que caía sin remedio al suelo… Aureolado de indefensión, como empequeñecido, el menudo Sexsmith rasgó suavemente su guitarra y al instante comenzó a irrigar el silencio de la sala con esa voz tan suya, esa voz que gusta de ahilar con delicadeza para llegar al corazón del oyente, llenándolo de honestas palabras–en–la–melodía que consiguen conmover, adensar la emoción; en cuarenta minutos escasos de actuación, Sexsmith me cautivó, me deslumbró con esa intensidad de la primera vez que tan rara es de sentir y de ver. Desde entonces he seguido de cerca su carrera.

Uno de sus álbumes menos conocidos y sin embargo más consistentes es el «Exit Strategy Of The Soul», su décimo trabajo de estudio. Estilísticamente, la novedad principal con respecto a anteriores referencias es un acercamiento explícito al soul y al rythm & blues –materializado en unos arreglos de viento preciosos– que le sienta de maravilla a los temas, otorgándoles un sabor negroide y añejo. La verdad es que Sexsmith es un intérprete excepcional, su voz y su canto rebosan nobleza, dibujando las melodías con la naturalidad y la sobriedad propias de un performer completamente maduro. En cuanto a los temas, subrayado el matiz “ritmamblusero”, hay que decir que son puro Sexsmith, tanto en lo que se refiere a la música como a los textos, excelentes: medios tiempos briosos y elegantes –«This is how I Know», «Traveling Alone»–, pop arrebatador del que obliga a chasquear los dedos –«One last round», «Brandy Alexander»–, baladas lustradas –«Thoughts and prayers»– o desnudas «Chased by love»–… El nivel de la colección convierte el disco en uno de los trabajos más completos del canadiense, en el que merecen ser destacados asimismo el pop optimista y renegrido de «Brighter Still» –grandísima canción–, y el lirismo sencillo de la magnífica «Music to my ears».

Quien todavía no haya escuchado a Sexsmith puede comenzar por este excelente «Exit Strategy Of The Soul» sin miedo a equivocarse. Lo que en él hallará es un pop auténtico, una música orgánica traspasada de vivencias y de reflexiones, de penas y de alegrías, de emociones sinceras que se liberan con la escucha. La música, en definitiva, de un compositor y cantante con el talento necesario para dar forma con exquisito gusto al sentimiento, para inocular mundos reales e imposibles en el oyente, para aquilatar con suma honestidad, en unas canciones tan hermosas como sencillas, la experiencia, siempre compleja, de vivir.

–Alejandro Caja

Josealfredo bar

Cockteleria de tipo americano con un ambiente complice y relajado. Situada en pleno centro, a lado de la Gran Via, es uno de esos pocos lugares donde disfrutar de una carta de cocktails única y variada, ejecutada y servida con atención y simpatía

Escuchar

Here is the Music Player. You need to installl flash player to show this cool thing!

Twitter Updates

Error: Twitter did not respond. Please wait a few minutes and refresh this page.

en Facebbok

facebook fan page